SECCION 23 >
PROBLEMAS DE SALUD EN LA INFANCIA
CAPITULO 271
Trastornos de oído, nariz y garganta
En los niños, varios trastornos pueden
afectar a los oídos, a la nariz y a la garganta. La capacidad
auditiva se examina poco después del nacimiento y, posteriormente,
de forma regular. La sordera se presenta al nacer en uno de cada 1 000
nacimientos con vida y puede derivar del virus de la rubéola,
de la falta de oxígeno o de una lesión producida durante
el nacimiento, de ciertos medicamentos administrados a la madre durante
el embarazo, de la enfermedad hemolítica del feto, así
como de las infecciones o de enfermedades hereditarias.
La detección y el tratamiento prematuros,
de ser posibles, son importantes porque el lenguaje se aprende mejor
a corta edad. Las infecciones del oído son frecuentes en niños
pequeños, sobre todo en los que tienen entre 3 meses y 3 años.
Los niños también pueden desarrollar infecciones que afectan
a la nariz y a la garganta.
Los niños pequeños pueden introducirse
objetos extraños en el oído o en la nariz, lo que puede
causar dolor, infección o una secreción. Los tumores no
cancerosos pueden desarrollarse en la nariz de los jóvenes en
la pubertad (angiofibromas juveniles) o en la caja de la voz (región
orofaringea) de niños más pequeños de cualquier
sexo (papilomas juveniles).
Objetos extraños en la nariz
Los niños, a menudo, se introducen objetos
en la nariz, algunos de los cuales son fáciles de ver y de retirar,
mientras que otros pueden situarse muy arriba o no ser vistos. Los objetos
que se encuentran en la parte alta de la nariz pueden causar derrames
sanguíneos mal olientes por un orificio nasal. Con el tiempo,
un objeto extraño en la nariz puede cubrirse de sales minerales
de secreciones nasales, produciendo una concreción nasal (rinolito).
Los rinolitos son difíciles de eliminar porque tienden a moldearse
de acuerdo a la forma del interior de la nariz. Para la extracción
habitualmente se necesita anestesia general.
Angiofibromas juveniles
Los angiofibromas juveniles, que se presentan casi
exclusivamente en jóvenes varones durante la pubertad, son tumores
que crecen en la región posterior de la nariz.
Aunque son tumores benignos, pueden destruir el
tejido de la mucosa nasal, derivando en hemorragias (epistaxis).
El tumor puede también obstruir el flujo
de aire. A medida que crece, puede extenderse a los senos cercanos,
a la cavidad ocular o al área que contiene el cerebro (cavidad
craneal).
El médico puede sospechar que un niño
presenta un angiofibroma cuando se producen hemorragias nasales recurrentes
y se manifiesta respiración obstruida. El tumor puede detectarse
mediante tomografía computadorizada (TC) o a través de
una imagen de resonancia magnética (RM).
Los vasos sanguíneos que irrigan el tumor
y su posible extensión a la cavidad ocular o craneal pueden detectarse
sometiendo al paciente a una angiografía, un tipo de radiografía
en la cual una sustancia radiopaca, visible en radiografías,
se inyecta en los vasos sanguíneos que rodean al tumor.
Aunque el angiofibroma a veces se retrae a medida
que el niño crece, el tratamiento es casi siempre necesario.
El mejor tratamiento consiste en bloquear la arteria que irriga el tumor
(embolización angiográfica) y luego extirpar el tumor
quirúrgicamente.
Sin embargo, la terapia de radiación a veces
se utiliza si el tumor se extiende a la cavidad craneal y no puede ser
extirpado.
Papilomas juveniles
Los papilomas juveniles son tumores no cancerosos
(benignos) de la caja de la voz (laringe).
Los papilomas son causados por un virus y pueden
aparecer en niños de sólo un año de edad. Un papiloma
puede causar ronquera, ocasionalmente de suficiente gravedad como para
impedir hablar, y puede obstruir el paso del aire.
Se llega al diagnóstico mediante la utilización
de un laringoscopio, con el cual se observa la laringe y se lleva a
cabo una biopsia del papiloma.
Los papilomas localizados en puntos diferentes pueden
crecer tanto que una traqueostomía (procedimiento quirúrgico
por el cual se practica una abertura en la tráquea) puede llegar
a ser necesaria para facilitar la respiración. El tratamiento
consiste en la extracción quirúrgica o en la vaporización
de los papilomas con láser. Su reaparición es frecuente,
pero en la pubertad éstos desaparecen por sí mismos.