SECCION 14 >
TRASTORNOS DE LA SANGRE
CAPITULO 161
Trastornos del bazo
El bazo produce, controla, almacena y destruye
células sanguíneas. Es un órgano esponjoso, suave
y de color púrpura, casi tan grande como el puño; está
localizado en la parte superior de la cavidad abdominal, justo debajo
de las costillas, en el lado izquierdo.
| El bazo |
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El bazo funciona como dos órganos. La pulpa
blanca es parte del sistema de defensa (inmune) y la pulpa roja elimina
los materiales de desecho de la sangre, como los glóbulos rojos
defectuosos.
Ciertos glóbulos blancos (los linfocitos)
crean anticuerpos protectores y tienen un importante papel en la lucha
contra la infección. Los linfocitos se producen y maduran en
la pulpa blanca.
La pulpa roja contiene otros glóbulos blancos
(fagocitos) que ingieren material no deseado, como bacterias o células
defectuosas, presentes en la sangre. La pulpa roja controla los glóbulos
rojos, determina cuáles son anormales o demasiado viejos o lesionados
para funcionar de manera apropiada, y los destruye. En consecuencia,
a la pulpa roja, a veces, le da el nombre de cementerio de glóbulos
rojos.
La pulpa roja también sirve como depósito
de elementos de la sangre, especialmente glóbulos blancos y plaquetas
(partículas parecidas a las células que participan en
la coagulación). En muchos animales, la pulpa roja libera estos
elementos en la sangre circulante cuando el organismo los necesita;
sin embargo, en los seres humanos, la liberación de estos elementos
no constituye una función importante del bazo.
Si se extirpa el bazo (esplenectomía), el
cuerpo pierde parte de su capacidad para producir anticuerpos y para
eliminar bacterias de la sangre. En consecuencia, la capacidad del cuerpo
para combatir las infecciones se encuentra reducida. Al cabo de poco
tiempo otros órganos (principalmente el hígado) aumentan
sus defensas para compensar esta pérdida, por lo que el riesgo
de infección no dura toda la vida.
Bazo agrandado
Cuando el bazo se agranda (esplenomegalia), incrementa
su capacidad de atrapar y almacenar células sanguíneas.
La esplenomegalia puede reducir la cantidad de glóbulos rojos
y blancos así como la cantidad de plaquetas presentes en la circulación.
Muchas enfermedades aumentan el tamaño del
bazo, desde un cáncer de la sangre a infecciones crónicas.
Cuando el bazo agrandado atrapa gran cantidad de
células sanguíneas anormales, éstas lo obstruyen
e interfieren en su funcionamiento. Este proceso puede originar un círculo
vicioso. Cuantas más células atrapa el bazo, más
se agranda; y cuanto más se agranda, más células
atrapa.
Cuando el bazo elimina demasiadas células
sanguíneas de la circulación (hiperesplenismo), se pueden
originar distintos problemas, como anemia (escasa cantidad de glóbulos
rojos), infecciones frecuentes (debido a la reducida cantidad de glóbulos
blancos) y trastornos hemorrágicos (por falta de plaquetas).
Finalmente, el bazo demasiado agrandado también atrapa células
sanguíneas normales y las destruye junto con las anormales.
Síntomas
El bazo agrandado no causa muchos síntomas
y ninguno de ellos es demostrativo de la causa específica del
trastorno. Debido a que el bazo agrandado se encuentra junto al estómago
y lo presiona, el sujeto puede sentirse lleno después de haber
merendado ligeramente o incluso cuando no ha ingerido nada. También
puede experimentar dolores de abdomen o espalda en el área del
bazo; el dolor puede llegar al hombro izquierdo, sobre todo si algunas
partes del bazo no reciben suficiente sangre y comienzan a destruirse.
Diagnóstico
Por lo general, el médico palpa el bazo agrandado
durante una exploración física. La radiografía
de abdomen también revela el aumento de tamaño del bazo.
En algunos casos es necesario recurrir a la tomografía computadorizada
(TC) para determinar el tamaño del bazo y la presión ejercida
sobre otros órganos. La resonancia magnética (RM) brinda
información similar y también pone de manifiesto el flujo
de sangre en el bazo. Otros estudios especializados utilizan partículas
ligeramente radiactivas para evaluar el tamaño del bazo y su
función, así como para determinar si se están acumulando
o destruyendo grandes cantidades de células sanguíneas.

Los análisis de sangre muestran una reducción
de las cantidades de glóbulos rojos, glóbulos blancos
y plaquetas. Cuando los glóbulos rojos son examinados al microscopio,
la forma y el tamaño pueden proporcionar pistas sobre la causa
del agrandamiento del bazo. El examen de médula ósea puede
detectar cáncer de las células sanguíneas (como
leucemia o linfoma) o acumulación de sustancias no deseadas (como
las enfermedades por depósito). Estos trastornos pueden aumentar
el tamaño del bazo.
Los valores de proteínas contribuyen a descartar
enfermedades como mieloma múltiple, amiloidosis, paludismo, kala-azar,
brucelosis, tuberculosis y sarcoidosis. Se miden los valores de ácido
úrico (producto de desecho presente en sangre y orina) y los
de fosfatasa alcalina leucocitaria (enzima presente en algunas células
sanguíneas) para determinar la presencia de ciertas leucemias
y linfomas. Los controles de la función del hígado contribuyen
a determinar si existe lesión en el hígado además
de la del bazo.
Tratamiento
Cuando es posible, el médico trata la enfermedad
responsable del aumento del tamaño del bazo. La extirpación
del bazo por lo general no es necesaria y puede causar problemas, entre
los que figura la susceptibilidad a infecciones graves. Sin embargo,
vale la pena correr estos riesgos en las situaciones críticas
siguientes: cuando el bazo destruye los glóbulos rojos tan rápidamente
que ocasiona anemia grave; cuando destruye depósitos de glóbulos
blancos y plaquetas hasta el punto de que exista una tendencia a sufrir
infecciones y hemorragias; cuando es tan grande que causa dolor o ejerce
presión sobre otros órganos; o cuando es tan grande que
algunas de sus partes sangran o mueren. Como alternativa a la cirugía,
a veces se utiliza la radioterapia para reducir el tamaño del
bazo.
Rotura del bazo
Como el bazo se encuentra en la parte superior izquierda
del abdomen, un golpe fuerte en el estómago puede romperlo, rasgando
la membrana que lo recubre y su tejido interno. La rotura del bazo es
la complicación grave más frecuente de lesión abdominal
causada por accidentes de tráfico, por deporte o por golpes.
Cuando se rompe el bazo, puede derramarse gran cantidad
de sangre en el abdomen. La cápsula exterior del bazo puede contener
la hemorragia temporalmente, pero debe realizarse una operación
de inmediato para evitar una pérdida de sangre potencialmente
mortal.
Síntomas
La rotura de bazo causa dolor abdominal. La sangre
que se encuentra en el abdomen se comporta como un irritante y causa
dolor a modo de reflejo, la musculatura abdominal se contrae y se vuelve
tensa. Si se pierde sangre gradualmente, no se manifiestan síntomas
hasta que el suministro de sangre es tan escaso que la presión
arterial baja o el oxígeno no llega al cerebro y al corazón.
Ello representa una emergencia que requiriere transfusiones de sangre
inmediatas para mantener la circulación adecuada, así
como una intervención quirúrgica para detener la pérdida
de sangre; sin estos procedimientos el enfermo puede padecer un shock
y fallecer.
Diagnóstico y tratamiento
Se llevan a cabo radiografías del abdomen
para determinar si los síntomas pueden ser causados por otro
trastorno que no sea la rotura del bazo. Se pueden realizar gammagrafías
con material radiactivo para analizar el flujo de sangre y detectar
la pérdida, o bien puede extraerse líquido abdominal con
una aguja y analizarlo para confirmar si contiene sangre. Cuando la
sospecha de rotura del bazo es grande, se realiza una intervención
quirúrgica de emergencia para detener la pérdida de sangre
que puede llevar a la muerte. Habitualmente se extirpa el bazo por completo,
pero a veces los cirujanos pueden cerrar una rotura pequeña para
salvarlo.
Antes y después de la extirpación
del bazo, se deben tomar ciertas precauciones para evitar la infección.
Por ejemplo, se aplican vacunas contra neumococos antes de la esplenectomía,
siempre que sea posible, y, después de la intervención,
se recomiendan vacunas anuales contra la gripe. Muchos médicos
también recomiendan profilaxis con antibióticos.